14 oct 2026

Domund del Centenario 2026 es "Uno en Cristo, unidos en la misión"


El Domund (Domingo Mundial de las misiones) es el día internacional en el que toda la Iglesia reza especialmente por la causa misionera, y organiza una colecta para cooperar con ella. Es clave para que la Iglesia pueda seguir con su misión en todo el mundo.
Hace un siglo el Papa Pío XI instituyó el Domund. Desde entonces esta jornada ha acompañado a la sociedad española, tanto dentro como fuera de las parroquias. Con todo el dinero recaudado en estos 100 años en todo el mundo, la Iglesia ha tenido una fuente de financiación anual que ha promovido un aumento espectacular de los territorios de misión, según los datos estadísticos comparados El Domingo Mundial de las Misiones (Domund) cumple 100 años.
Fue en 1926 cuando el Papa Pío XI quiso que toda la Iglesia dedicara el penúltimo domingo de octubre a rezar por la misión que la Iglesia realizaba en los territorios de misión y a colaborar con ella, a través de Obras Misionales Pontificias (OMP). Desde entonces, el DOMUND se ha vivido con intensidad en la sociedad española.
Durante la rueda de prensa para presentar la Jornada del DOMUND 2026 el Administrador Diocesano, D. F. Javier Gay ha resaltado que “este año es especial, porque este año celebramos cien años, cien años del Domund. Creo que es una fecha muy relevante y creo que, a lo largo de estos cien años, que gracias a nadie ninguno de nosotros hemos vivido tanto, pero a lo largo de estos cien años es evidente que el Domund ha hecho una labor inmensa. Han hecho una labor inmensa, sobre todo los misioneros, pero esta celebración del Domund ha colaborado en muy buena medida, tanto a la ayuda económica, a la oración, pero sobre todo a la concienciación, ya que este sentido de la importancia de la misión, pues, haya ido llegando a todos los católicos, por supuesto, pero también a toda la sociedad.
Luego, en concreto, en este año, pues podríamos mirar hacia atrás y ver, a lo largo de cien años, la cantidad de misioneros, cientos de nuestra diócesis en concreto, que han partido a diferentes territorios de misión. Pero eso es evidente, no me voy a detener en ello. Solo voy a resaltar un par de cosas que nos expone en el mensaje que escribió para este día el Papa León. Una primera es cómo nos resalta en su mensaje que la iniciativa misionera y la fecundidad misionera nace de la unión con Cristo. La labor misionera de la Iglesia no es una iniciativa primeramente humana, sino que brota de un mandato del mismo Señor y es sostenida también por el mismo Señor. Entonces, esta importancia de la unión con Cristo para la fecundidad de toda la obra misionera creo que es muy relevante. Luego hay un segundo mensaje que nos deja también, y es que ningún bautizado es ajeno o indiferente a la misión.
La misión no es una labor solo de los misioneros, sino que es una labor de todos los que participamos de la fe en Cristo, en la que además colaboran con nosotros mucha otra gente, incluso no creyentes, porque saben bien que la labor de las misiones no solo es labor, que lo es, de evangelización, sino que también es una labor humanitaria muy importante. Los misioneros siempre unen en su tarea, por supuesto, el anunciar a Cristo, pero también, indudablemente, unen también la ayuda a las personas en todas sus necesidades, y eso hace que esta celebración provoque el que muchas personas, incluso no creyentes, colaboran también en esta labor.
Pero para los católicos como tales, la labor misionera es algo que corresponde a todos, no solo a los que se dedican a las misiones, y nos lo recuerda el Santo Padre. Y por eso yo, en la carta que escribí como contigo de este día, invitaba a diferentes modos de colaboración de cada uno de los fieles de la diócesis.
Les invitaba, por supuesto, a rezar por las misiones, a guardarlas en el corazón, a vivirlas con intensidad. Les invitaba claramente a la colaboración económica, porque necesitan los misioneros y cada una de las gentes de los lugares de misión necesitan nuestra ayuda y nuestra cercanía, también plasmada en esa colaboración económica. Y les invitaba también a ser misioneros también entre nosotros, a que la misión está, por supuesto, en los territorios directamente de misión, pero que también entre nosotros el anunciar a Cristo también nos toca aquí donde cada uno vivimos.”
Por su parte la invitada de campaña, la superiora General de las misioneras de Cristo Jesús, Alphonsine Kitumua Bangizila, ha recordado que “ha vivido primero en el Congo, África, después en Venezuela, Ecuador y después aquí en España. Y cuando tú vas viendo la labor de los misioneros, no solamente españoles, sino que para mí España dio muchos misioneros y sigue dando misioneros, porque mi vocación es fruto, porque conocí a las hermanas Misioneras de Cristo Jesús en el Congo y eran españolas. Y de ahí ellas han ido sembrando. Ahora esta semilla poco a poco va surgiendo también en vocaciones nativas.
Por ejemplo, hablo de mi congregación: en China tenemos a tres chinas que son Misioneras de Cristo Jesús y en Vietnam hay un grupo de jóvenes. ¿Todo eso por qué? Porque han sentido esa llamada, primero, de anunciar el amor de Dios. Yo creo que un misionero tiene que testimoniar con su vida. Yo he tenido la suerte de ir visitando diferentes países por la congregación y, cuando tú ves la labor... Por ejemplo, ese ejemplo que guardo en mi corazón del Camerún, en Zamai, al norte, frontera con Nigeria, donde a ocho kilómetros tenemos un campo de refugiados que han huido de Nigeria, de Boko Haram, y son más de cien mil personas.
Y lo bonito que era ver cómo esa gente católica construía su iglesia sin nada. Mira, comenzaron por el techo, porque hace mucho calor. No tiene muro, pero ahí todos los domingos se reúnen para orar, para dar gracias a Dios. Y cuando tú escuchas a la gente hablar de los misioneros, siempre dice: «Los misioneros nos hacen mucho bien». A mí me impresionó, en una ofrenda en la selva ecuatorial de mi país, cuando estaba ahí, ver a una mamá que no tenía nada, ni para vestirse, muy poquito, y dio un plátano. Pero a mí lo que me ha marcado toda la vida es ver con qué amor llevaba ese plátano, danzando hasta llegar al sacerdote. Se inclinó y entregó el plátano. Uno diría: «Un plátano, ¿qué hace?». Pero ese plátano puede nutrir a otro que no tiene y es lo poco que tenía. Y por eso, para mí, pues mira, la invitación de ser misionero no solamente es para los consagrados, los sacerdotes, los religiosos y religiosas, es para todo cristiano.
Yo siento que muchos cristianos tenemos tiempo para ir de vacaciones, pero ese tiempo de decir cuál es mi deber como cristiano para anunciar a Jesús es fundamental. Y cuando la gente está enamorada de Jesús, cuando la gente vive a Jesús en su corazón, esa gente siente que tiene que anunciar. A Jesús nadie lo puede guardar solo en el corazón, tiene que anunciarlo con gestos, a veces sin palabras. Por ejemplo, estamos en sitios de Japón donde las hermanas, hablar de Jesús es como hablar de Buda, es como hablar del sintoísmo, es como hablar de todo, porque hay solamente un por ciento. Pero las hermanas a cada rato me dicen, por ejemplo: «No cerremos el colegio que tenemos, porque es un medio para hablar de Jesús».
Puede ser que no se hagan cristianos, porque a mí me ha impresionado ver en la comunión, en Tokio, gente que no son cristianos. Al momento de comulgar está en la fila y llegan, antes el sacerdote solamente inclina la cabeza y el sacerdote le da la bendición. El que es católico comulga, comulgan muy poco, pero el resto de la gente el mensaje les llega y va a pedir bendición al sacerdote. A mí me impresionaron esos gestos. Como en China, nuestras hermanas pertenecen a la Iglesia clandestina, pero ¿cuál es el testimonio? Es el transmitir el amor a través de lo poco que van haciendo. Una da ejercicios espirituales a escondidas, sin que les atrapen; una, pues, está estudiando masaje. Pero todo eso son medios para anunciar el Evangelio, porque cuando tú entras en contacto con la persona, la persona capta lo que tú vives y lo que tú sientes. Y para mí el testimonio de la vida es fundamental, porque cuando la persona te ve puede preguntar: «¿Y por qué está alegre?».
Y a veces la alegría no viene porque tenga muchas cosas, porque viva cosas bonitas, sino porque Dios te lo regala. Solamente mirar al otro a los ojos y reconocer en él la presencia de Dios vivo, la presencia de que Dios también lo ama a él, que Jesús también dio la vida por él, vale la pena.
¿Y cuánta gente, cuántas jóvenes podemos ir como ayudando a mirar la vida desde otro lugar, desde la esperanza? Porque se sienten amados y a veces eso es ser misionero. ¡Cuánta soledad hay aquí en España, a veces entre compañeros, compañeras! De no tener vergüenza de mostrar que somos cristianos, que llevamos a Jesús dentro de nuestro corazón y a ese Jesús hay que darle a conocer, a ese Jesús hay que mostrarle solamente uno lo que lleva dentro del corazón. Si no, cada vez no es porque la Iglesia sea vacía, sino se necesita testimonio de cristiano que ama.”

9 oct 2026

Vídeo mensaje del Papa León XIV: el Domund ha dado sus frutos en mi propia vida

OMPRESS-ROMA (7-10-26) El Papa León XIV, a diez días de su celebración, ha querido impulsar la celebración del Domingo Mundial de las Misiones, el Domund, con un vídeo mensaje en el que recuerda el centenario de esta cita anual misionera y cómo la misma impulsó su propia vocación como misionero de la Orden de San Agustín.

Este mensaje del Papa da las gracias a quienes rezan al Señor de la mies por las vocaciones misioneras y colaboran con la labor de las Obras Misionales Pontificias y el Domund en su tarea de apoyar la misión de la Iglesia. Recuerda el lema de este año, propuesto por él mismo, “Uno en Cristo, Unidos en la Misión”, además de animar a ser fieles al legado de estos cien años de compromiso con la misión. Un legado que ha hecho que, en los territorios de misión, a quienes van dirigidas las ayudas del Domund, se haya pasado de 9,6 millones a 346 millones de católicos, de 627 parroquias en 1925 a 41.056 a día de hoy. Todo ello gracias a la labor y entrega del clero y los fieles locales, de cientosO de misioneros que partieron para entregar sus vidas, y a la oración, el ofrecimiento y la generosidad de tantos y tantos católicos del mundo durante estos cien años.
Las palabras del Papa:
"Al conmemorar el Domingo Mundial de las Misiones, damos gracias a Dios por los abundantes frutos que ha concedido a la Iglesia desde que mi predecesor, el Papa Pío XI, instituyera esta celebración anual hace 100 años. Él deseaba que esta jornada fomentara, en cada diócesis y parroquia, una comprensión más profunda de la grandeza de la tarea misionera, una oración ferviente por la obra de la evangelización, un estímulo para la vocación misionera y el apoyo a la labor de las Obras Misionales Pontificias.
De hecho, la realización del propósito de Pío XI ha dado frutos en mi propia vida. Al mirar atrás, a los días de mi juventud, puedo ver cómo las oraciones ofrecidas al Señor de la mies ayudaron misteriosamente a preparar mi corazón para escuchar la llamada de Jesús a seguirle como misionero agustino. Además, las oraciones y las aportaciones de los fieles alentaron y sostuvieron mi labor misionera en el Perú, así como la de innumerables personas en todo el mundo. Por esta razón, deseo expresar mi más sincero agradecimiento a todos los que han apoyado el Domingo Mundial de las Misiones a lo largo de los años.

En este año del centenario, el lema ‘Uno en Cristo, Unidos en la Misión’, nos invita a reflexionar sobre la tarea fundamental de nutrir la unidad de la Iglesia en el seguimiento de Cristo, de manera especial con nuestro compromiso y responsabilidad de difundir el mensaje evangélico de salvación a todos los pueblos.

Es a través del Bautismo que cada uno de nosotros se convierte en miembro del Cuerpo de Cristo y tiene un papel único a la hora de contribuir a la obra salvífica de Jesús. Nuestro Señor nos llama a cooperar como una sola familia, con la ayuda del Espíritu Santo, para llevar a todos y en todas partes, a una comunión de fe en Cristo.

Reitero, por tanto, el llamamiento especial que hice en el Mensaje para el Domingo Mundial de las Misiones: ‘Comprometámonos todos a contribuir, cada uno según su vocación y los dones recibidos, a la gran misión evangelizadora, que es siempre obra del amor. Sus oraciones y su apoyo concreto, […] serán de gran ayuda para llevar el Evangelio del amor de Dios a todos, especialmente a los más pobres y necesitados’ (Mensaje para la 100ª Jornada Mundial de las Misiones, 25 de enero de 2026)

Por último, al celebrar este centenario, les agradezco todo lo que harán para continuar con el legado del Domingo Mundial de las Misiones y para apoyar generosamente la misión evangelizadora de la Iglesia en todo el mundo.

Que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén”.

8 oct 2026

EL ROSARIO MISIONERO

 El Mes de las Misiones (octubre) es el momento ideal para rezar el Rosario Misionero. Esta oración universal transforma el rosario tradicional en una intercesión directa por la evangelización y las necesidades de cada continente, identificados por cinco colores.

Cada misterio te conecta con las alegrías, sufrimientos y necesidades de una región específica del planeta.
Te recuerda que la Iglesia es universal y que la fe traspasa cualquier frontera geográfica o cultural.
El rosario misionero responde directamente al mandato de Jesús: "Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio"
Aunque no puedas viajar físicamente a tierras de misión, te conviertes en misionero a través de la oración, sosteniendo a quienes sí están en el terreno.
La oración, el rosario, tiene una fuerza transformadora y de paz
La oración sostiene a los misioneros: Tu oración alivia la soledad, el cansancio y las persecuciones que sufren miles de catequistas, sacerdotes y religiosos en situaciones de riesgo.
En el rosario pides por la paz mundial: Al pedir por todos los pueblos de la Tierra, el Rosario Misionero se convierte en un clamor directo por la justicia, la reconciliación y la paz en las zonas de conflicto.

7 oct 2026

100 años del Domund: Unidos en una misma misión de amor y esperanza


Este mes de octubre tiene un significado único y especial. Se celebra el Domund 2026, y no es una edición cualquiera: ¡esta jornada misionera cumple 100 años de historia! Desde que el Papa Pío XI la instituyera en 1926, el Domingo Mundial de las Misiones (Domund) ha sido el puente de solidaridad más grande del mundo, uniendo corazones para sostener la labor de la Iglesia en los territorios más necesitados.
El próximo 18 de octubre, bajo el lema impulsado por el Papa León XIV, redescubriremos el poder de caminar juntos. ¿Te unes a esta gran celebración?
El Lema de 2026: «Uno en Cristo, unidos en la misión»
El lema escogido para este centenario es «Uno en Cristo, unidos en la misión». Esta frase resume a la perfección la esencia del Domund. Nos recuerda que la Iglesia, aunque está compuesta por una inmensa diversidad de culturas, lenguas y realidades, forma un solo cuerpo unificado en el amor de Dios.
La misión no es un esfuerzo aislado de unos pocos que viajan lejos; es una responsabilidad compartida. La comunión espiritual con Cristo nos empuja a abrazar a nuestros hermanos y a trabajar unidos para llevar luz, fe y dignidad allí donde la esperanza parece apagarse.
Los misioneros: el rostro de la entrega y el servicio
Los misioneros y misioneras son el corazón del Domund. Su función va mucho más allá de la evangelización espiritual; son agentes de cambio social, de paz y de consuelo. Se encargan de:Acompañar a las comunidades en situaciones de extrema pobreza.
Atender hospitales, comedores y cuidar a los más vulnerables (como enfermos de sida o mujeres en exclusión).
Coordinar escuelas y proyectos educativos para garantizar un futuro a miles de niños.
Actualmente, España cuenta con cerca de 10.000 misioneros, repartidos por los cinco continentes. Hombres y mujeres (laicos, religiosos, sacerdotes y familias completas) que han dejado atrás su comodidad para dar su vida al servicio de los demás.
España y su estrecho lazo con las Obras Misionales Pontificias (OMP)
Nuestro país tiene un espíritu misionero excepcional. España es el segundo país del mundo que más colabora económicamente con las Obras Misionales Pontificias (OMP).
A través del Fondo Universal de Solidaridad de las OMP, las aportaciones recogidas en España se distribuyen de forma equitativa y transparente entre más de 1.100 territorios de misión. Gracias a este esfuerzo colectivo, se financian anualmente más de mil proyectos sanitarios, educativos, pastorales y de infraestructuras vitales, demostrando que la solidaridad española no conoce fronteras.
¿Cómo puedes colaborar tú hoy?
Celebrar 100 años del Domund es dar gracias por el pasado, pero, sobre todo, es comprometernos con el futuro. Hay dos formas fundamentales en las que puedes participar activamente desde este preciso momento:

Con tu Oración: La oración es el motor invisible pero más potente de las misiones. Rezando por los misioneros les envías la fuerza espiritual y el oxígeno que necesitan para perseverar frente a las dificultades diarias.
Con tu Donativo: Toda aportación suma, por pequeña que parezca. Tu ayuda económica se transforma directamente en alimentos, medicinas, aulas escolares y pozos de agua potable.
Para que colaborar sea más fácil que nunca, puedes enviar tu donativo de forma inmediata a través de Bizum utilizando el código oficial de las OMP: 00500. Un pequeño gesto desde tu móvil puede cambiar la vida de comunidades enteras al otro lado del planeta.
En este centenario del Domund, no nos quedemos de brazos cruzados. Sentámonos "Uno en Cristo, unidos en la misión". ¡Gracias por tu generosidad!

16 abr 2026

VOCACIONES NATIVAS -26 DE ABRIL DE 2026


Pedir a nuestros paisanos que sean conscientes de las necesidades físicas de quienes viven en países desfavorecidos, pasan penurias, están en situación de violencia o de guerra, no es difícil.

Todos nos conmovemos cuando nos hablan de niños que solo pueden hacer una comida al día y, a veces, incluso, una pobre comida al día. Todos sufrimos viendo imágenes de personas que están hacinadas en los hospitales y a las que no les alcanzan las medicinas que podrían curarlas o, al menos, aliviarlas en su dolor y sufrimiento. 
A todos nos motiva ver cómo hay niños y adolescentes que se ven obligados a trabajar para poder llevar algo de “plata” a sus hogares, contando además con que estamos hablando –¿siempre?– de un trabajo inhumano en basureros, de limpiabotas, en duras faenas del campo, ¡en la prostitución! ¿Cómo no vamos a sentirnos angustiados pensando en esas niñas que son obligadas a casarse con tan solo 12 años o a satisfacer los deseos de un viejo verde para poder sobrevivir? 
Todo eso nos produce náuseas y damos gracias a Dios por que la Iglesia y muchas otras instituciones están ahí, intentando llevar alivio, consuelo, fuerzas y afecto a quienes sufren tales cosas. En esa sensibilidad coincidimos todos, y pedimos al Señor que nunca nos acostumbremos a esas situaciones de injusticia y de abuso. 
Pero hay una jornada que es comprensible tan solo por quienes creemos en Cristo y en su deseo de llevar a todo el mundo la Palabra de Vida, la Palabra de Salvación, la Palabra de Dios. 
Se trata de la jornada en la que se nos recuerda que hoy, en el mundo, hay más de 750 seminarios que dependen de nosotros para poder dar formación a miles de jóvenes que están preparándose para ser algún día sacerdotes. 
Hay más de 750 seminarios de África, de Asia, de Oceanía y de algunos lugares de América que dependen del Dicasterio para la Evangelización y que, sin la ayuda que desde ahí les llega, proveniente de nuestras aportaciones..., ¡cerrarían las puertas! 
Algo así pasó en el siglo XIX con el seminario de Nagasaki, en Japón. El obispo, con una inmensa tristeza, tenía que limitar el número de admitidos por falta de fondos. Y una mujer francesa, Juana Bigard, con la ayuda necesaria de su madre, Estefanía, al enterarse de la situación, se empeñó en que el obispo pudiera volver a acoger a esos seminaristas a los que iba a tener que dejar fuera a su pesar. 
Desde entonces, la Iglesia sigue luchando, en palabras de un santo Papa, para que ninguna vocación se pierda por falta de medios. 
La Jornada de Vocaciones Nativas, que se celebra en comunión con la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones el IV Domingo de Pascua –es decir, el domingo “del Buen Pastor”, que este año es el 26 de abril–, es justamente ese día en el que salimos al encuentro de los cristianos para preguntarles: ¿quieres tú ser una ayuda para que, en todos esos sitios donde no hay recursos, los jóvenes que lo deseen puedan tener los medios para seguir la vocación que recibieron? 
Podría decirse que esta es la jornada más cristiana, porque, en efecto, una situación de necesidad como esta únicamente es comprensible por quien descubre el valor de la vocación sacerdotal (también de la vocación religiosa, porque se ayuda asimismo a la formación de las jóvenes que se incorporan a las congregaciones que nacen en aquellos países de misión). 
Los cristianos somos conscientes de la importancia de los sacramentos: poder asistir a la Santa Misa al menos los domingos, poder recibir el perdón de nuestros pecados en la penitencia, poder recibir también ese consuelo del perdón en el momento trágico de una enfermedad mortal, poder celebrar el matrimonio... Y somos conscientes igualmente de la importancia de tener acceso a la Palabra de Dios y a la formación de la conciencia. 
Por eso, nosotros sí entendemos muy bien que hay que pedir al Señor que envíe obreros a su mies, y que estos puedan tener los medios que necesitan para llegar a recibir una formación adecuada y una capacitación para ser pastores según el corazón de Cristo. Esos medios van desde las cosas más evidentes (comida, agua, luz...) hasta un lugar donde formarse y convivir, unos profesores y formadores que les ayuden a avanzar, una biblioteca que les sirva para crecer en sabiduría... 
En esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones “Todos oramos por todos”. Y precisamente en esa atmósfera orante, la Jornada de Vocaciones Nativas, que depende de la Obra de San Pedro Apóstol dentro de las Obras Misionales Pontificias, quiere además movernos a todos los bautizados a colaborar con tantos jóvenes con deseos grandes de consagrar su vida a Cristo y a su Iglesia y que, sin nosotros, no llegarían nunca a conseguirlo. ¿Te apuntas?
José María Calderón. Director de OMP en España
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