Hace un siglo el Papa Pío XI instituyó el Domund. Desde entonces esta jornada ha acompañado a la sociedad española, tanto dentro como fuera de las parroquias. Con todo el dinero recaudado en estos 100 años en todo el mundo, la Iglesia ha tenido una fuente de financiación anual que ha promovido un aumento espectacular de los territorios de misión, según los datos estadísticos comparados El Domingo Mundial de las Misiones (Domund) cumple 100 años.
Fue en 1926 cuando el Papa Pío XI quiso que toda la Iglesia dedicara el penúltimo domingo de octubre a rezar por la misión que la Iglesia realizaba en los territorios de misión y a colaborar con ella, a través de Obras Misionales Pontificias (OMP). Desde entonces, el DOMUND se ha vivido con intensidad en la sociedad española.
Durante la rueda de prensa para presentar la Jornada del DOMUND 2026 el Administrador Diocesano, D. F. Javier Gay ha resaltado que “este año es especial, porque este año celebramos cien años, cien años del Domund. Creo que es una fecha muy relevante y creo que, a lo largo de estos cien años, que gracias a nadie ninguno de nosotros hemos vivido tanto, pero a lo largo de estos cien años es evidente que el Domund ha hecho una labor inmensa. Han hecho una labor inmensa, sobre todo los misioneros, pero esta celebración del Domund ha colaborado en muy buena medida, tanto a la ayuda económica, a la oración, pero sobre todo a la concienciación, ya que este sentido de la importancia de la misión, pues, haya ido llegando a todos los católicos, por supuesto, pero también a toda la sociedad.
Luego, en concreto, en este año, pues podríamos mirar hacia atrás y ver, a lo largo de cien años, la cantidad de misioneros, cientos de nuestra diócesis en concreto, que han partido a diferentes territorios de misión. Pero eso es evidente, no me voy a detener en ello. Solo voy a resaltar un par de cosas que nos expone en el mensaje que escribió para este día el Papa León. Una primera es cómo nos resalta en su mensaje que la iniciativa misionera y la fecundidad misionera nace de la unión con Cristo. La labor misionera de la Iglesia no es una iniciativa primeramente humana, sino que brota de un mandato del mismo Señor y es sostenida también por el mismo Señor. Entonces, esta importancia de la unión con Cristo para la fecundidad de toda la obra misionera creo que es muy relevante. Luego hay un segundo mensaje que nos deja también, y es que ningún bautizado es ajeno o indiferente a la misión.
La misión no es una labor solo de los misioneros, sino que es una labor de todos los que participamos de la fe en Cristo, en la que además colaboran con nosotros mucha otra gente, incluso no creyentes, porque saben bien que la labor de las misiones no solo es labor, que lo es, de evangelización, sino que también es una labor humanitaria muy importante. Los misioneros siempre unen en su tarea, por supuesto, el anunciar a Cristo, pero también, indudablemente, unen también la ayuda a las personas en todas sus necesidades, y eso hace que esta celebración provoque el que muchas personas, incluso no creyentes, colaboran también en esta labor.
Pero para los católicos como tales, la labor misionera es algo que corresponde a todos, no solo a los que se dedican a las misiones, y nos lo recuerda el Santo Padre. Y por eso yo, en la carta que escribí como contigo de este día, invitaba a diferentes modos de colaboración de cada uno de los fieles de la diócesis.
Les invitaba, por supuesto, a rezar por las misiones, a guardarlas en el corazón, a vivirlas con intensidad. Les invitaba claramente a la colaboración económica, porque necesitan los misioneros y cada una de las gentes de los lugares de misión necesitan nuestra ayuda y nuestra cercanía, también plasmada en esa colaboración económica. Y les invitaba también a ser misioneros también entre nosotros, a que la misión está, por supuesto, en los territorios directamente de misión, pero que también entre nosotros el anunciar a Cristo también nos toca aquí donde cada uno vivimos.”
Por su parte la invitada de campaña, la superiora General de las misioneras de Cristo Jesús, Alphonsine Kitumua Bangizila, ha recordado que “ha vivido primero en el Congo, África, después en Venezuela, Ecuador y después aquí en España. Y cuando tú vas viendo la labor de los misioneros, no solamente españoles, sino que para mí España dio muchos misioneros y sigue dando misioneros, porque mi vocación es fruto, porque conocí a las hermanas Misioneras de Cristo Jesús en el Congo y eran españolas. Y de ahí ellas han ido sembrando. Ahora esta semilla poco a poco va surgiendo también en vocaciones nativas.
Por ejemplo, hablo de mi congregación: en China tenemos a tres chinas que son Misioneras de Cristo Jesús y en Vietnam hay un grupo de jóvenes. ¿Todo eso por qué? Porque han sentido esa llamada, primero, de anunciar el amor de Dios. Yo creo que un misionero tiene que testimoniar con su vida. Yo he tenido la suerte de ir visitando diferentes países por la congregación y, cuando tú ves la labor... Por ejemplo, ese ejemplo que guardo en mi corazón del Camerún, en Zamai, al norte, frontera con Nigeria, donde a ocho kilómetros tenemos un campo de refugiados que han huido de Nigeria, de Boko Haram, y son más de cien mil personas.
Y lo bonito que era ver cómo esa gente católica construía su iglesia sin nada. Mira, comenzaron por el techo, porque hace mucho calor. No tiene muro, pero ahí todos los domingos se reúnen para orar, para dar gracias a Dios. Y cuando tú escuchas a la gente hablar de los misioneros, siempre dice: «Los misioneros nos hacen mucho bien». A mí me impresionó, en una ofrenda en la selva ecuatorial de mi país, cuando estaba ahí, ver a una mamá que no tenía nada, ni para vestirse, muy poquito, y dio un plátano. Pero a mí lo que me ha marcado toda la vida es ver con qué amor llevaba ese plátano, danzando hasta llegar al sacerdote. Se inclinó y entregó el plátano. Uno diría: «Un plátano, ¿qué hace?». Pero ese plátano puede nutrir a otro que no tiene y es lo poco que tenía. Y por eso, para mí, pues mira, la invitación de ser misionero no solamente es para los consagrados, los sacerdotes, los religiosos y religiosas, es para todo cristiano.
Yo siento que muchos cristianos tenemos tiempo para ir de vacaciones, pero ese tiempo de decir cuál es mi deber como cristiano para anunciar a Jesús es fundamental. Y cuando la gente está enamorada de Jesús, cuando la gente vive a Jesús en su corazón, esa gente siente que tiene que anunciar. A Jesús nadie lo puede guardar solo en el corazón, tiene que anunciarlo con gestos, a veces sin palabras. Por ejemplo, estamos en sitios de Japón donde las hermanas, hablar de Jesús es como hablar de Buda, es como hablar del sintoísmo, es como hablar de todo, porque hay solamente un por ciento. Pero las hermanas a cada rato me dicen, por ejemplo: «No cerremos el colegio que tenemos, porque es un medio para hablar de Jesús».
Puede ser que no se hagan cristianos, porque a mí me ha impresionado ver en la comunión, en Tokio, gente que no son cristianos. Al momento de comulgar está en la fila y llegan, antes el sacerdote solamente inclina la cabeza y el sacerdote le da la bendición. El que es católico comulga, comulgan muy poco, pero el resto de la gente el mensaje les llega y va a pedir bendición al sacerdote. A mí me impresionaron esos gestos. Como en China, nuestras hermanas pertenecen a la Iglesia clandestina, pero ¿cuál es el testimonio? Es el transmitir el amor a través de lo poco que van haciendo. Una da ejercicios espirituales a escondidas, sin que les atrapen; una, pues, está estudiando masaje. Pero todo eso son medios para anunciar el Evangelio, porque cuando tú entras en contacto con la persona, la persona capta lo que tú vives y lo que tú sientes. Y para mí el testimonio de la vida es fundamental, porque cuando la persona te ve puede preguntar: «¿Y por qué está alegre?».
Y a veces la alegría no viene porque tenga muchas cosas, porque viva cosas bonitas, sino porque Dios te lo regala. Solamente mirar al otro a los ojos y reconocer en él la presencia de Dios vivo, la presencia de que Dios también lo ama a él, que Jesús también dio la vida por él, vale la pena.
¿Y cuánta gente, cuántas jóvenes podemos ir como ayudando a mirar la vida desde otro lugar, desde la esperanza? Porque se sienten amados y a veces eso es ser misionero. ¡Cuánta soledad hay aquí en España, a veces entre compañeros, compañeras! De no tener vergüenza de mostrar que somos cristianos, que llevamos a Jesús dentro de nuestro corazón y a ese Jesús hay que darle a conocer, a ese Jesús hay que mostrarle solamente uno lo que lleva dentro del corazón. Si no, cada vez no es porque la Iglesia sea vacía, sino se necesita testimonio de cristiano que ama.”




