Una jornada llena de alegría y misión: así se vivió la Infancia Misionera y Vocacional 2026 en AstorgaEl pasado sábado la diócesis de Astorga volvió a llenarse de vida, ilusión y espíritu misionero con la celebración de la Jornada de la Infancia Misionera y Vocacional 2026, un encuentro que reunió a niños, jóvenes y acompañantes en torno a la fe, la convivencia y la alegría de sentirse parte de la Iglesia.
Desde primera hora de la mañana, alrededor de doscientos niños, acompañados por más de cincuenta catequistas, sacerdotes y responsables, participaron en la Convivencia Misionera y Vocacional, una jornada pensada para compartir, aprender y descubrir que todos estamos llamados a ser misioneros allí donde vivimos.
A lo largo del día se sucedieron juegos, dinámicas, momentos de encuentro y reflexión que ayudaron a los más pequeños a acercarse al sentido de la misión y a abrir el corazón a la llamada de Dios. Fue, como siempre, una jornada entrañable, llena de sonrisas, amistad y muchas ganas de vivir la fe juntos.
Por la tarde llegó uno de los momentos más esperados: el festival, que congregó a todos los participantes en un ambiente festivo y familiar. La respuesta fue tan grande que el teatro se llenó por completo, reflejo del entusiasmo y la alegría compartida durante todo el día.
Desde la organización se quiso agradecer especialmente la colaboración de los jóvenes voluntarios que ayudaron en la preparación y desarrollo de la jornada. Su entrega y cercanía con los niños fueron fundamentales para que todo saliera adelante. A ellos se les quiso decir con cariño: “Un millón de gracias… sois lo más”.
También se expresó un agradecimiento muy especial a todas las comunidades que hicieron posible este encuentro: las parroquias de Cacabelos, Veguellina, Tábara, Rectivía de Astorga, San Justo de la Vega, Fabero, Toreno, Vega y Manganeses, así como los colegios diocesanos Pablo VI de A Rúa y San Ignacio, la parroquia de O Barco y también los niños que se acercaron acompañados de sus familias.
El agradecimiento se extendió igualmente a los sacerdotes, catequistas y demás acompañantes, cuya dedicación hace posible que tantos niños puedan vivir experiencias como esta.
La jornada concluyó con un profundo sentimiento de gratitud. "Gracias, gracias, gracias a todos los que participaron y colaboraron para que esta convivencia fuera posible".
Eso sí, los organizadores también lanzaron una invitación de cara al futuro: siempre se echa de menos a algunos grupos y parroquias, por lo que animan a que el próximo año se sumen aún más niños y comunidades para seguir viviendo juntos esta hermosa experiencia de fe, misión y vocación.
Porque cuando los niños se reúnen para compartir su fe, la Iglesia se llena de vida y de esperanza.
