13 jun 2023

"PARÁBOLA DEL BONSAI". P. Manuel Uña.

 

Es el P. Manuel Uña, misionero dominico astorgano, natural de Tardemézar, que regresó hace muy poco tras estar 29 años de misionero en Cuba.
No es la primera vez que les damos noticias de él. Hace unos pocos días se le regaló un libro que le sorprendió: " La sonrisa que no olvidamos. Gratitud a un sembrador ". Dedicado a él.
 Manuel Uña escribió con motivo de su 88 cumpleaños, celebrado el pasado sábado 10 de junio, una carta con el título “La Parábola del Bonsái”, es muy entrañable...
“Sigo caminando por esta calle de ‘sentido único’ que es la vida, y me doy cuenta que mi corazón, el día 10 de junio, arriba a los 88 años de edad rebosando gratitud. Es este un cumpleaños singular por primera vez, en tres décadas, lo celebro en mi tierra, al amparo de la Virgen del Camino, donde me encuentro desde hace dos meses, junto a otros hermanos, ancianos como yo. En esta hora me siento feliz, al igual que fui feliz en el Nuevo Mundo, compartiendo con las personas que han confiado en mí, dándome cuenta, una vez más, que lo nuestro es integrar. ¡Cuánto bien me habéis hecho todos! Los de allá y los de acá.
En septiembre, con billete de ida y vuelta, viajé desde La Habana hasta Madrid, como cada año Al salir de San Juan de Letrán pensé que regresaría a los dos meses, pero tuvimos que cancelar lo programado. Los dominicos, cuando fueron a América consigo llevaron sus libros yo, regresé sin ellos, pero con la gratitud en el alma como equipaje.

10 may 2023

DESDE UCRANIA: " Salimos llorando y volvemos con júbilo”.

¿A dónde vais? A Kiev, a casa... Ya hace más de un año, y muy a su pesar, 3 misioneras españolas de la congregación de Santo Domingo , tuvieron que dejar lo que era toda su vida y huir de Ucrania. Dos de ellas, María Mayo y Antonia Estrada, son de nuestra diócesis y nos pusieron al tanto del horror que habían pasado para huir de la guerra, fue en marzo del año pasado y en contra su deseo. Hoy están de nuevo en “casa”, en Kiev, y escriben para compartir su alegría...
" Kiev, 8 de mayo 2023. Queridos amigos: ¡Gracias por tantos mensajes, por vuestro cariño, cercanía y sobre todo por vuestra oración! Queréis saber de nosotras y nosotras os queremos compartir, nuestro viaje de vuelta a Kiev y los encuentros, y reencuentros en ese camino. Con otros salimos ‘llorando y volvemos con júbilo’. En esta vuelta las maletas y los grupos nos identificaban. Nos preguntábamos unos a otros en la estación de tren de Varsovia: ¿Adónde vais? Y respondíamos con sonrisas: A Kiev, a casa. Y con el runruneo de nuestras maletas, y esperándonos unos a otros hasta completar cada uno su círculo familiar, nos dirigíamos al andén en multitud.
Al salir en nuestro éxodo con tanta gente, Jesús Eucaristía, fue nuestro consuelo y compañero de camino, y ahora nuestra alegría en la vuelta a casa, a la misión. ‘Nos lleva sobre las alas de las águilas’, dice el salmo y a nosotras, por las manos de tantos ángeles visibles que facilitaron y facilitan nuestro camino, desde Natalia una sobrina de María Jesús que nos llevó al aeropuerto, a Rufino, Anna y Jorge de la embajada de España en Varsovia que nos buscaron los billetes para el tren de Kiev, nos acogieron en el aeropuerto, nos dieron una vuelta por Varsovia, nos llevaron al hotel y a la estación… Con cada nuevo detalle Dios, nos mostraba y nos muestra su presencia, su caminar con nosotras y entre nosotras.
El viaje en tren, unas 20 horas, fue bueno, pues estábamos en dos compartimentos con litera. La gente que volvía con nosotras a Ucrania, al ver nuestro grupo ‘de abuelas’, nos daban las gracias. El trayecto desde Varsovia hasta Kiev, nos permitió acercarnos poco a poco a la vida real. Aunque el oeste de Ucrania no ha sufrido tantos ataques, vimos algunas casas destrozadas, pero también muchos campos cultivados; los bosques limpios y las zonas anegadas de las lluvias, drenadas con ramas de los bosques; las redes eléctricas reparadas y los postes nuevos al lado de otros viejos y deteriorados. La lucha por la vida, por la paz, se hace desde todas partes, en las pequeñas y grandes cosas que facilitan la vida, sea la línea de fuego o no.

12 abr 2023

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES. VOCACIONES NATIVAS

El 30 de abril Domingo del Buen Pastor, se celebrará la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, promovida y organizada por el recientemente creado Servicio de Pastoral Vocacional de la CEE, junto a la Jornada de Vocaciones Nativas dependiente de la Obra de San Pedro Apóstol de las Obras Misionales Pontificias.
El lema escogido es el mismo que en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Fátima; “Ponte en camino, no esperes más”.
Nuestros misioneros hacen que con su labor incansable surjan vocaciones que, lamentablemente, aquí cada vez son menos. Gracias a ellos estamos recibiendo la ayuda de esas vocaciones nativas en nuestras parroquias, colegios y conventos porque, cada vez más, necesitamos esas vocaciones que aquí no surgen.
En la actualidad cientos de misioneros y misioneras trabajan en países de misión a veces en condiciones muy duras para hacer llegar y consolidar el Evangelio.
Quieren hacer realidad que todos los hombres conozcan a Jesús y sigan sus enseñanzas porque el bien debe vencer al mal, y el amor y la equidad imponerse a las injusticias.
Nosotros como cristianos debemos ayudar a que los desequilibrios sociales sean cada vez menores y debemos hacer que nuestros misioneros reciban nuestra ayuda para que puedan seguir sembrando la Palabra. Si nosotros nos cansamos de dar, de “compartir” y de luchar con una sociedad cada vez más secularizada, imaginaros ellos, que se encuentran solos entre muchos que ni han oído hablar de la fe, ni de la doctrina del amor y la justicia.
Necesitan nuestra ayuda, espiritual y material, necesitan sentirnos “con ellos”, apoyando su labor con nuestra oración y esa ayuda material que preferimos gastarnos en una cerveza o una prenda que ni necesitamos.
Nuestros misioneros, con su ejemplo y buen hacer, hacen que surjan vocaciones a la vida consagrada, misionera y sacerdotal en los países en los que trabajan, pero, sin nuestra ayuda, esas vocaciones pueden perderse por falta de medios.
No todos los jóvenes ni sus familias pueden permitirse unos estudios cuando difícilmente sobreviven en condiciones muy precarias. la posibilidad de darles una formación y una vida espiritual profunda y adecuada va a depender de la ayuda que nosotros podamos aportar desde aquí.

ENCUENTRO MISIONERO DE JÓVENES

“La Iglesia necesita de tu compromiso” - del 21 al 23 de abril.
El encuentro misionero de jóvenes es un encuentro anual de formación misionera en el que participan jóvenes con inquietudes misioneras y en el que ponen en común sus experiencias, para que así los jóvenes se contagien mutuamente del espíritu misionero.
Se invita a todos los jóvenes de España que hayan vivido experiencias de voluntariado misionero o estén interesados en conocer la labor misionera de la Iglesia a participar en este encuentro. Pueden participar jóvenes menores de 35 años.
Es un encuentro dedicado a los jóvenes con el objeto profundizar en la dimensión misionera de la fe cristiana ofreciendo como ejemplo el testimonio de misioneros que un día descubrieron la llamada a la vocación misionera.
Pueden asistir jóvenes que participan y colaboran como voluntarios en las Delegaciones Diocesanas de Misiones y Direcciones Diocesanas de OMP, voluntarios misioneros de instituciones y congregaciones misioneras, Jóvenes que vayan a vivir la experiencia del voluntariado misionero durante el verano, Jóvenes con inquietudes y espíritu misionero, que se sienten atraídos por la labor de los misioneros.
El Encuentro Misionero de Jóvenes es un espacio de formación, participación e intercambio de experiencias misioneras de jóvenes. Con este encuentro queremos fomentar el espíritu misionero de los jóvenes; ayudarles a conocer mejor la misión universal de la Iglesia y despertar en ellos la vocación misionera y la cooperación como voluntarios misioneros.
Programa Encuentro Misionero de Jóvenes 2023

29 mar 2023

P. Manuel Uña, 64 años al servicio de la Iglesia

Guadix, 15 de marzo de 1959 – Madrid, 15 de marzo de 2023. 64 aniversario de Ordenación Sacerdotal
Con 87 años y pisando los 88, deseo celebrar el 64 aniversario de mi ordenación sacerdotal. Vivo una realidad distinta a la de aquel 15 de marzo de 1959. Entonces, mis formadores, tuvieron que pedir dispensa pues me faltaban unos meses para cumplir la edad requerida. Ninguno de mis seres queridos: padres, hermanos, abuelos, pudieron acompañarme.
Hoy, con bastantes limitaciones pero con buena memoria, deseo celebrar este aniversario junto a mi hermana Toña, tan buena; con Rosa, mi sobrina, lúcida y fiel al lado de su madre; con Manolo, mi sobrino-ahijado, siempre servicial; y con los hijos de ambos.
Siento que me hace bien festejar en familia este aniversario, antes de viajar a la Residencia-Enfermería que tiene la Orden en la Virgen del Camino, León. Es también de despedida y recuerdo las palabras de Jesús en la última cena: “Ardientemente he deseado comer esta cena con vosotros antes de morir” (Lc 22, 14). Yo diría, antes de partir, antes de despedirme, pero necesito escribir “morir”, porque con la gracia de Dios deseo ir muriendo a todo y tomar conciencia de lo que voy dejando.
Imposible olvidar en este día, el gesto de postrarme en el piso de la catedral de Guadix (Granada), con la frente sobre el suelo y los brazos abiertos en forma de cruz, signo de mi disponibilidad para asumir el ministerio que se me confiaba. Tenía 23 años y agilidad para tumbarme y levantarme; hoy, si me arrodillo no puedo incorporarme sin pedir a alguien que me ayude. Qué actuales resuenan en mí las palabras de Jesús a Pedro: “Te lo aseguro, cuando eras joven tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras” (Jn 21, 18). Cuando repito esta frase me dicen: “No digas viejo, di anciano”; y es verdad, soy un anciano que experimento cómo el verbo “dejar” necesito conjugarlo en primera persona: dejar reconocimientos, lugares, ocupaciones y preocupaciones, personas…; dejarme ayudar, dejarme trabajar, dejarme sorprender por las novedades de la vida hasta el final; dejarle a Él que me trabaje. Qué oportunas son las palabras del hermano Rafael: “Nada deja el que todo lo deja, porque no deja sino lo que ha de dejar, quiera o no quiera”.
El rito fundamental de la ordenación sacerdotal es la imposición de manos. Cuánto me impactó sentir las manos del obispo y de los presbíteros sobre mi cabeza, y emocionado me he sentido cada vez que he impuesto las manos a un ordenando. Recuerdo los nombres de los dominicos cubanos más jóvenes, que fueron ordenados sacerdotes durante mi estancia en La Habana y a quienes tanto aprecio: Fr. Léster, a quien impuse las manos el 27 de diciembre de 2008; a Fr. Raisel, el 20 de mayo de 2017 y Fr. Néstor, que por causa de la pandemia tuvo que ser ordenado en Madrid. Todo sucede en silencio y en silencio se acoge al Espíritu.
El 1 de septiembre viajé desde La Habana a Madrid, como todos los años. Pero me sorprendió la enfermedad, he estado internado en el hospital por dos ocasiones y los doctores me han dicho: “Padre Manuel, su corazón está cansado”, hay que pensar en un nuevo ritmo de vida. Los superiores al tener conocimiento de esta situación me indicaron cuál sería el destino más conveniente para mí. No pude ni podré despedirme de Cuba, donde he sido tan feliz, ni de tantas personas que siento me han querido, me quieren y los quiero.
Semanas atrás, uno de mis hermanos dominicos de la comunidad de San Juan de Letrán, me envió un mensaje diciéndome: “Padre Manuel, sigo pensando que su sitio está aquí”. Estas palabras me enternecen y emocionan, pero hoy no es el verbo ‘pensar’ el que dinamiza mi existencia sino ‘escuchar’. En mi interior brotan estas palabras: “Manuel, sé obediente hasta la muerte, tu sitio está en ti, no pienses nada, no pidas nada, aunque hayas tenido que partir sin poder despedirte, lleva contigo el cariño y el reconocimiento”. Durante mi vida religiosa solo he pedido ir a Cuba cuando terminé mi servicio como Provincial, y Dios sabe por qué lo hice en silencio. Ahora no pido ni salir de Cuba ni quedarme allí, Dios es quien marca la ruta y en sus manos estoy.
Vine a Madrid con el billete de ida y vuelta, sin apenas equipaje; ahora, debo hacer una nueva etapa en el camino, no pensada ni programada, y conmigo llevo lo imprescindible: la riqueza de los recuerdos, las personas, los lugares, las fechas, el hábito, el rosario, los libros de rezo, la Biblia, el bastón, y el oído bien atento para escuchar lo que brota en mí. Grabadas tengo las palabras que pronunció mi formador, cuando el día de la ordenación el obispo le preguntó si me consideraba digno, y también mi respuesta: “Aquí estoy”.
Soy consciente de que mi vida como sacerdote ha sido y es un don de Dios, el gran don de Dios. A mi edad se me pide ser don no en el hacer sino en el ser, en el silencio agradecido, sin añorar otros tiempos.
Me vuelvo a Dios y agradezco a mis Superiores por ponerme en manos de Santa María del Camino. Ella con su ternura y cercanía, será quien me acompañe en esta nueva hora de entrega y gratitud.

“En este cuerpo mío que envejece
habita el hombre sin edad que soy.
Cuánta melancolía. Y cuánta dicha.
No sabría decir si, de las dos,
una descuella, pues ninguna acaso
quiere imponerse: se entrelazan ambas
en un sentir más hondo y sin origen.

Los años han caído uno tras otro
—o de golpe tal vez— sobre mi espalda,
pero no sobre mí, que estoy a salvo
en el ser interior que me sustenta.”
(“Sin edad” – Eloy Sánchez Rosillo)

Fr. Manuel Uña Fernández, O.P.
Madrid, 15 de marzo de 2023.
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