27 jun. 2012

César Pan Castrillo. Misionero

El día 2 de Mayo de 2012 fallecía en Abiyán (Costa de Marfil) nuestro querido César. ¿Quién era César? Un hombre bueno. Seguramente es la mejor definición que se puede hacer de él. Los que le conocimos sabemos que esta afirmación es cierta. Todo lo demás que escribamos acerca de su vida sólo hará que corroborar esta afirmación.
Nació en Santibáñez de la Isla año 1940. A los 11 años se fue al Noviciado Menor de los Hermanos de La Salle en Cambrils (Tarragona) a estudiar el Bachillerato. A los 25 años hizo sus Votos Perpetuos y se entregó enteramente a Dios en el servicio a los más necesitados.

Después de estudiar Ciencias Químicas en la Universidad de Salamanca, a finales de 1972, se fue a Benín (África)  donde pudo dedicar su vida, por entero, a realizar su sueño: educar jóvenes en países de misión. El año 1978 el colegio que regentaban los Hermanos de La Salle, y por el que se desvivían, fue nacionalizado; los  Hermanos quedaron sin su ocupación y César fue enviado a Daloa (Costa de Marfil) a fundar una nueva  comunidad  dedicada también a la formación profesional de jóvenes.

De Costa de Marfil a Togo el año 1985. Durante 20 años fue de director del colegio y de la Comunidad religiosa a la que pertenecía. El pueblo de Santibáñez, su pueblo, conocía algunos de sus desvelos por ayudar no sólo a los jóvenes que acudían al colegio, sino también a todos los vecinos. Uno de esos desvelos
era construir un pozo para evitar que tuvieran que ir a varios kilómetros a buscar el agua. El pueblo de Santibáñez de la Isla hizo una colecta para cubrir los costes y desde el año 1999 el pozo es una gozosa realidad.
En 1998 su salud comenzó a deteriorarse a causa de una neumonía que le obligó a venir  urgentemente  a España; aunque él tan pronto se restablecía un poco volvía a su querido Togo. El año 2003, en Madrid, le fue  diagnosticado un cáncer de Médula Ósea; los tratamientos médicos  interrumpían su estancia en Togo, pero solamente el tiempo del  tratamiento. Este año 2012 su ya larga enfermedad se complicó con una tuberculosis pulmonar que, su debilitado organismo, no pudo superar. Quiso que sus restos mortales descansaran allí donde había entregado también lo mejor de sí mismo. Toda una vida; 37 años, dedicados a los más necesitados. Humilde y sencillo, trató de hacer su trabajo en la verdadera eficacia que no suele conllevar mucho ruido. 

Descansa en paz, amigo César; te recordaremos igual que también te recordarán tantos jóvenes que pasaron
por vuestras escuelas y seguro se acordarán siempre de un religioso que dio su vida por ellos.

José Luis Fernández
Sacerdote de Santibáñez

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