2 abr. 2018

UNA REALIDAD SOCIAL QUE CAMBIA Y AGOBIA

Para quienes sufren de insomnio. JUROVICA
Estoy de regreso a casa. Y cuando uno vuelve después de más de diez años de bregar por otros lugares, uno se descubre que ha cambiado o la gente te ayuda a reflejar tu nueva realidad. Las exclamaciones emotivas o las frases espontáneas así lo revelan: “¡Estás flaco!, y -si hay un poco más de confianza- añade con una sonrisa pícara y cariñosa: y también estás casi calvo… Luego brotan las preguntas: “¿Dónde estás ahora?... ¿Ah, sí?... ¿De nuevo en La Dolorita?, ¿y vienes para quedarte?”. Y cuando estás frente al espejo, tomas más en serio las verdades que han observado en tu fachada; y casi instintivamente, uno mira hacia dentro y constata que también hay cambios interiores. Y si estás de buen humor, silbas o tarareas una música suave. Y si es la hora de dormir, me acuesto agobiado, cierro los ojos y toda la luz de mi mirada contempla las imágenes del día. Imágenes que se atropellan en mi mente luchando por ser protagonistas…
¿Qué veo en la calle? Depende desde dónde me ubique. De camino hacia Las Tres Jotas, veo mucha gente caminando: jóvenes, adultos, niños y ancianos, cuando todavía las agujas del reloj no han apuntado las seis de la mañana; todos ellos vestidos en plan de trabajo, como obreros, campesinos, iba a escribir diciendo a la moda, si es “moda” o necesidad difícil saberlo, pocos van vestidos formalmente, se cuenta con los dedos de una mano los que llevan corbata (lo que no significa sean personas de mayor calidad humana). Son personas que caminan ligeros, rápido, lo más que pueden. Una bolsa o bolso en su mano derecha que sospecho sea el almuerzo porque el desayuno no necesitan digerirlo. Van ensimismados, con miradas de soslayo; pocos conversan. El saludo es un lujo de confianza que no pasa por la mente ni aflora en los labios. El otro día en la buseta, “Los Rapiditos”, una muchacha saludó diciendo “buenos días” y casi todos los que estábamos sentados nos sorprendimos e hicimos silencio. ¡Se me está olvidando saludar en las mañanas! ¡Qué horrible! Contemplo las imágenes de largas colas esperando transporte, pacientes, silenciosos, con una apatía que raya en la indiferencia existencial. Hay un silencio frío de la mañana, que se prolonga en las relaciones humanas. Lejos está el chiste mañanero, la broma recordada en la telenovela, el comentario ocurrente de un café perfumado y humeante. Y cuando llega el autobús, lo primero que se ve son brazos y piernas colgantes y alguien que grita-generalmente el ayudante, porque ahí está para cobrar y dar la orden al chofer de “dale” o “aguántalo”, “dejen bajar”, “caminen hacia”-. Y luego se suceden los apretujones, a veces alguna disculpa a dientes pelaos. ¡Menos mal que hay niños en brazos de sus madres con miradas inocentes!

Si logras encaramarte y entrar en el autobús, eres afortunado, a Dios gracias. Pero entonces empieza un bailoteo parecido al baile Sambito, por los frecuentes huecos que algunos de los jóvenes choferes ya no evitan. Temen más a los asaltos y a los imprevistos de otro tipo que al destrozo de los autobuses. Aunque es gracia y don viajar en el autobús. Porque, ¿cómo van los camiones, las cavas, las camionetas descubiertas? Ayer no más, el camión cisterna iba toda ella de personas colgantes y amarradas con sus brazos templados y delgados, con su morral en la espalda.

Dentro del autobús hay más silencio que comunicación. Quien ordena y manda es el cobrador, hábil y astuto para que no se le escape nadie sin pagar por la puerta trasera. Exhibe un fajo de billetes de 50 y de 100, a quienes les dicen de “cinco” y de “diez”, así como a los billetes de cien miel le dicen “mil”; a los de 20 mil le llaman “veinte”. ¡Esa sí es devaluación real! Y la gente sufre y calla. Los improvisados transportistas tienen su razones: los costos de los repuestos, los riesgos de la calle, el maltrato de la gente, las amenazas sospechadas… Pero qué habilidad la de los cobradores: los de cincuenta no los cuentan, porque no tienen tiempo para hacerlo; le basta una mirada y ya saben cuanto va en el fajo. Si cuentan los verdaderos billetes de mil y de dos o de cinco. Otros negocios tendrán montados con el efectivo que recogen, porque si los alimentos cuestan menos cuando son pagados en efectivo, por algo será…

La creatividad y genialidad de choferes y cobradores es admirable, sobre todo, para establecer “el precio justo”. El otro día viajaba en un autobús rumbo a La Lagunita, “pa´ Mariches”. El autobús lucía bien, como perro recién bañado. Algunos encontramos asientos. De repente, pasando Valle Fresco, por Los Robles, reapareció la tranca del día anterior. ¡La orden: no hay paso para nadie!, ni de ida ni venida. “Ayer –comentaba el chofer por teléfono- me tocó trabajar de la parte de allá, porque la tranca no me dejó regresar. Hoy llego hasta aquí y me regreso”. Giró con una habilidad de película y empezó a gritar: “¡Pa´ Petare, pa´Petareee!”. La gente que caminaba de la parte de allá rumbo a Caracas, como una avalancha se metió en el autobús y éste se devolvió al punto de partida. Ahora el chofer había añadido a la invitación: “A Petare y son seis bolívares”. Los que íbamos de ida habíamos pagado solo cinco. O sea se regresó a mitad camino cobrando más que haciendo el recorrido completo. ¡De choferes y cobradores, líbranos, Señor!

Claro, no todo es abuso; hay todavía un resto de sensibilidad. Todos están dispuestos a devolverse en Chaguaramas; de allí hacia adelante hay que pensarlo. Afortunadamente todavía hay personas generosas: “Le llevo hasta Chaguarama. Allí puede conseguir más fácilmente autobús”. Tácitamente todos saben el motivo. Y si no llega el autobús que te corresponde, porque no llega después de una hora y te ves obligado a regresa por tramos, cada uno de esos tramos sale más del doble todo el recorrido. ¡Así fue el domingo mi regreso desde La Lagunita a las Tres Jotas! Por gracia recibida estamos en Semana Santa y todos los días son como caminata con el Nazareno.

Hoy es Lunes Santo. Acostado voy viendo las imágenes de mi día, para descubrir los cambios que se han dado en mi cuerpo, en mi mente, en mi alga… Quería llegar a contemplar en luz de la mirada de Jesús los cambios que se habían producido en el proyecto de mi comunidad, pero de golpe sentí como un chasquido suave de una apagón de luz y entre en la paz de los que duermen sostenidos por los brazos no ya de Morfeo, sino de Papá Dios. Realmente lo mejor que ha podido crearse en la persona es el descanso y el sueño. ¡Gracias, Señor, por haberme regalado el sueño; el colchón o el chinchorro me toca a mí buscarlo! Ahí a los pies de la cama dejo el morral de mis preocupaciones. Espero que mañana no me sienta agobiado con la angustia y eldesespero del día de hoy. Amén

Presencia salesiana en La Dolorita-Mariches

P. Julián Rodríguez.

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