14 feb. 2013

"AMÉRICA, PUERTA ABIERTA A LA MISIÓN"

El próximo 3 de marzo se celebrará el Día de Hispanoamérica
            El número de misioneros diocesanos que actualmente se encuentran en Hispanoamérica es de 240 repartidos de la siguiente manera: 39 en Argentina, 18 en Bolivia, 12 en Brasil, 15 en Chile, 14 en Colombia, 7 en Costa Rica, 6 en Cuba, 7 en Ecuador, 5 en Guatemala, 4 en Honduras, 26 en México, 27 en Perú, 10 en Puerto Rico, 10 en República Dominicana, 42 en Venezuela, 4 en Uruguay, 2 en Panamá, 1 en Nicaragua, 1 en el Salvador.
Ese día se rendirá un reconocimiento a los sacerdotes de la OCSHA que este año celebran sus bodas de oro sacerdotales... 
Esta jornada nació como expresión del compromiso en la iglesia española con las Iglesias nacientes y con la formación en América. En estos países hay innumerables fieles cristianos que han sido bautizados, pero insuficientemente evangelizados, están necesitados del impulso que promueve la Nueva Evangelización.
Podemos confiar en la gracia del Espíritu Santo, para conducir a Cristo a estos nuevos cristianos, pero hemos de recordar que éste se ha valido de una corriente de misioneros españoles -sacerdotes y laicos enviados por su respectivas diócesis, o religiosos y religiosas de las más diversas comunidades- que, desde hace más de un siglo hasta hoy, han revitalizado aquella vocación misionera que estuvo en los orígenes del "Nuevo Mundo" y se han incorporado al trabajo pastoral de las más diversas Iglesias locales en el "continente de la esperanza", al servicio del Pueblo de Dios.

Sudamérica es el lugar donde hay más misioneros españoles; es lógico, porque nos sentimos más obligados con ellos: les llevamos el Evangelio y ahora no podemos ni queremos dejar de mantenerlo vivo. También les transmitimos nuestra lengua y nuestra cultura, ellos la han hecho suya, por eso nos sentimos más unidos y más cercanos a sus vidas.
En esos países se mantienen fieles al Señor y a la Iglesia gracias a los sacerdotes, seglares, religiosos y sobre todo religiosas, que están con ellos. Nuestra aportación, nuestra oración, nuestro recuerdo no puede ser sólo por lo que hicieron los primeros evangelizadores de aquellas tierras, hoy, ahora, hay misión, se hace misión, se vive la misión. Y nosotros también nos debemos sentir implicados.
Aunque muchas de estas comunidades cristianas están consolidadas,  los últimos Congresos Americanos Misioneros testifican que sigue siendo urgente una acción misionera que atienda el primer anuncio de la fe.

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