28 may. 2013

El Papa Francisco pone a los misioneros como ejemplo de superación del propio egoísmo


OMPRESS-ROMA (28-5-13) 

“Para seguir a Jesús debemos despojarnos de la cultura del bienestar y de la fascinación de lo provisional”, así hablaba el Papa ayer lunes en la homilía de la Misa celebrada por la mañana en la Casa de Santa Marta, donde vive. En la Misa, concelebrada por el cardenal francés Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon, tomó parte un grupo de empleados vaticanos.
El Papa Francisco desarrolló su homilía partiendo del episodio del joven rico que le presentaba el Evangelio del día. Jesús pide a un joven que dé todas sus riquezas a los pobres y lo siga, pero éste se aleja triste. El Santo Padre subrayó que “las riquezas son un obstáculo” que “no hace fácil el camino hacia el Reino de Dios”. Por lo demás, advirtió, “cada uno de nosotros tiene sus ‘riquezas’”. Existe siempre, explicó, una riqueza que nos “impide acercarnos a Jesús”. Todos, continuó, “tenemos que hacer un examen de conciencia sobre cuáles son nuestras riquezas, porque nos impiden acercarnos Jesús en el camino de la vida”. Francisco se refirió a dos “riquezas culturales”: ante todo la “cultura del bienestar, que nos hace poco valientes, nos hace perezosos, nos hace también egoístas”. El bienestar “nos adormece, es una anestesia”. “‘No, no, más de un hijo no, porque no podremos ir de vacaciones, no podremos ir a tal lugar, no podremos comprar la casa’. Está bien seguir al Señor, pero hasta un cierto punto. Esto es lo que hace el bienestar: todos sabemos bien cómo es el bienestar, pero esto nos destruye, nos despoja de aquel valor, de aquel coraje fuerte para acercarnos a Jesús. Esta es hoy la primera riqueza de nuestra cultura, la cultura del bienestar”.

Existe además, agregó, “otra riqueza en nuestra cultura”, una riqueza que nos “impide acercarnos a Jesús: es la fascinación de lo provisional”. Nosotros, observó el Papa, estamos “enamorados de lo provisional”. Las “propuestas definitivas” que nos hace Jesús, puntualizó, “no nos gustan”. En cambio nos gusta lo pasajero, porque “tenemos miedo del tiempo de Dios” que es definitivo.

“Él es el Señor del tiempo, nosotros somos los señores del momento. ¿Por qué? Porque en ese instante somos los que mandan: hasta aquí sigo al Señor, después se verá… Una vez supe de uno que quería ser sacerdote, pero sólo por diez años, no más… Cuántas parejas, cuántas parejas se casan, sin decirlo, pero pensándolo con el corazón: ‘hasta que dure el amor y después se verá…’. La fascinación de lo provisional: ésta es una riqueza. Debemos convertirnos en dueños del tiempo, hacemos breve el tiempo reduciéndolo al momento. Estas dos riquezas son aquellas que en este momento nos impiden ir hacia adelante. Pienso en tantos, tantos hombres y mujeres que han dejado la propia tierra para ir como misioneros por toda la vida: ¡aquello es lo definitivo!”.

Pero también, aseguró, pienso en tantos hombres y mujeres que “han dejado la propia casa para hacer un matrimonio por toda la vida; ¡aquello es seguir a Jesús de cerca! ¡Es lo definitivo!”.

“Ante la invitación de Jesús, ante estas dos riquezas culturales pensamos en los discípulos: estaban desconcertados. También nosotros podemos estar desconcertados por estas palabras de Jesús. Cuando Jesús explicaba alguna cosa estaban aún más desconcertados. Pidamos al Señor que nos dé el valor de ir adelante, despojándonos de esta cultura del bienestar, con la esperanza – al final del camino, donde Él nos espera - en el tiempo. No con la pequeña esperanza del momento que no sirve más”.

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