7 oct. 2014

RENACE LA ALEGRÍA… SI HAY COMPROMISO.

La primera parte es el lema de la campaña del Domund de este año, la segunda es un añadido, oportuno o inoportuno mío.
Estoy completamente seguro que si no hay compromiso no puede renacer la alegría… de la cual habla el papa en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium… la alegría del Evangelio.

Al celebrar este año la campaña del Domund, hay dos personas que nos interrogan, animan y descolocan, dos Hnos de la Obra Hospitalaria de San Juan de Dios. Miguel Parejo que nos dejaba este verano, afectado por el virus del Ébola, y Manolo García, que falleció hace unos días por la misma causa. Presencia masiva y cobertura en los medios de comunicación, de nuestro país, dolor y preocupación para su orden y su familia, sentimiento de admiración por la población.
Ellos son parte, muy cercana a nosotros, de los 6000 enfermos afectados por este virus, además de otro que comparten que es la pobreza hecha miseria económica. Claro que dentro de unos días esto a la mayoría se nos habrá olvidado y estaremos pendientes de la inmediatez de la última noticia.
Anteriormente he querido utilizar tres verbos: interrogar, animar y descolocar. Creo sinceramente que esas tres situaciones vitales se presentan en mí cuando descubro a personas que pierden su vida a favor de los demás. También pienso que no hay mayor compromiso que éste, poner la vida propia en un segundo plano. Nunca he estado de acuerdo con el principio de que la vida es el valor supremo…sino más bien la interpretación que se hace de la vida y las razones para vivirla, aun corriendo diversos riesgos.
La vida de estas dos personas, como los miles de voluntarios, profesionales, misioneros, religiosos o no, creyentes o ateos que están sirviendo desinteresadamente, y en un segundísimo plano me interroga sobre la comodidad de nuestra sociedad, grupos sociales, sindicatos, iglesias, parroquias, que parece que lo primero es apostar por el principio de subsistencia… "veamos como mantenemos el chiringuito porque parece que se nos cae".
Me anima porque me dan esperanza, que otro mundo y otra sociedad son posibles. Que el pesimismo, el interés, el desanimo no tienen la última palabra en millones de personas que creen y apuestan por una utopía aunque la vean irrealizable en muchos momentos. Pero están ahí, en medio del dolor, donde hay que sembrar alegría, repartir sonrisas, pastillas o libros y ¡como no! compartiendo Evangelio, Buena Noticia.
Esto descoloca nuestras seguridades presentes y futuras, nuestros planes de pensiones y nuestros plazos de ahorro, nuestra segunda vivienda y nuestras vacaciones. Nos invita a vivir el intemperie de los empobrecidos, parados, desauciados, de los enfermos y de tantas personas rotas por la crueldad de la vida, nos invita a salir a los caminos, al encuentro con el hombre y la mujer de hoy, nos invita a una pastoral misionera, que supere de una vez por todas tanta tradición y celebraciones que nos están dejando vacíos. Octubre es el mes de la intensidad de la misión.
Julio Falagán

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