15 sept. 2015

II PARTE : H. Rosalía Marcos y el Hogar Santa Emilia

Emilia y sus compañeras respondieron a todas esas necesidades con amor, dulzura y entusiasmo. Sus seguidoras hoy queremos dar respuesta a las necesidades de nuestra sociedad con esos mismos sentimientos, sentimientos que son los de Cristo.
Y esto es lo que nos movió en febrero del 2003 a fundar El Hogar Santa Emilia para acoger niñas huérfanas o en abandono absoluto y vivir en él con alegría, sencillez y cercanía, con una confianza sin límites en Dios, siguiendo a Jesús de Nazaret e intentando revelar el rostro de un Dios de ternura, fidelidad y misericordia, cercano a los pequeños y a los humildes.
Desde entonces cada una de las hermanas que hemos compartido la vida con los niños y adolescentes de nuestro hogar hemos procurado y seguimos procurando abrir nuestra casa y nuestros corazones a cada uno de ellos y a cada una de sus necesidades, reconociendo que no siempre habremos sido esos buenos testigos que esperan encontrar en nosotras.
La realidad de los pobres y la pasión por estos hermanos más desfavorecidos nos invitan, como invitaron a Emilia, a abrir nuestros ojos y nuestro corazón para abarcar el inmenso horizonte de sus necesidades.

Religiosas y personal laico comprometido seguimos dando respuesta a Cristo y a la sociedad a través del desafío de Santa Emilia de Rodat, ya que también hoy son muchas las necesidades de nuestra sociedad y una de esas grandes necesidades es el cuidado maternal de estas niñas que no tienen a nadie que les dé cariño y cuidados.
En el Hogar Santa Emilia tratamos de ofrecerles amor, esperanza, paz, perdón, alegría, salvación, misericordia.
Nuestro Hogar Santa Emilia está ubicado en Vinto, Barrio Campos Verdes, un barrio a unos 25 Km. de Cochabamba, Bolivia. En él vivimos 4 Hnas. de la Sagrada Familia de Villefranche de Rouergue con 15 niñas y adolescentes que tienen actualmente de 3 a 14 años. Son niñas huérfanas
unas, abandonadas otras y otras con familias totalmente desestructuradas.
Una de esas Hermanas soy yo, Rosalía Marcos Álvarez, de Gavilanes de Órbigo.
Estoy en Bolivia desde Diciembre de 1991. Desde entonces he acompañado a estos hermanos bolivianos en distintos lugares: Santo Corazón, Cochabamba, Guayaramerín,San Matías y Vinto. He pasado algunos años también en Argentina: Hipólito Yrigoyeny San Salvador de Jujuy.
En todos esos lugares he sido feliz, he encontrado a Dios en medio de estos hermanos y he recibido muchos dones de todas estas familias, más de lo que yo les haya podido ofrecer desde mi pobreza y limitaciones.
Este año 2015 mi misión está en este Hogar de niñas y adolescentes. Junto con mis tres Hermanas y otros cuatro laicos queremos ayudarlas a ser ellas mismas y ponemos empeño en hacerlas felices, sabiendo que de una y mil maneras es Dios a través de nosotras quien hace que sean felices y la vida se torne para ellas encantadora.
Son niñas y adolescentes que acogemos desde los 3 años hasta sus 18 años, edad en la que tienen que dejar el Hogar, según las normas del gobierno boliviano. Son huérfanas, abandonadas o con situaciones familiares difíciles.
En el día a día asumimos la tarea de rescatar la vida de estas niñas y estar al servicio de la vida y de la esperanza, de la fe y del amor, de la alegría y de la paz.
Tratamos de observar, escuchar, acoger, sonreír, vivir nuestra fe y nuestro compromiso social ofreciéndoles un ambiente familiar cálido que les permita tener un desarrollo integral para un crecimiento armónico en las diferentes dimensiones: humana, psicológica, educativa y espiritual...
Nuestro objetivo es mejorar la calidad de vida de estas Niñas y Adolescentes, haciendo que sean felices y que la vida se torne para ellas encantadora, sientan que la casa es suya y colaboren para mantenerla, estén agradecidas por la vida colegial ya que es una etapa importante y bonita de sus vidas.
Y así entre luchas y esperanzas, dificultades y alegrías va desarrollándose mi vida y nuestras vidas. No es una tarea fácil educar a 15 niñas que provienen de ambientes totalmente diferentes y además problemáticos, pero no nos falta la gracia de Dios como le dijo a San Pablo el Señor: “Te basta mi gracia, mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad...” (2Cor. 12,9)
Doy gracias a Dios por llamarme cada día a servirlo en estas pequeñas y por experimentar su misericordia en medio de mi fragilidad.
Estoy también agradecida a ustedes que desde la Delegación siempre nos tienen presentes e informados de lo que pasa en nuestra diócesis de origen, aunque no reciban
comunicados míos. Yo también los tengo presentes en mi oración. Tanto desde ahí como desde aquí todos somos misioneros que llevamos la Buena Noticia del Evangelio por donde andamos.
Con mucho cariño
Hna. Rosalía Marcos
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