26 sept. 2014

LA SONRISA DE UN HOMBRE BUENO

Finalmente el Hermano Manuel no pudo con la enfermedad que cruelmente está acabando con un gran número de hombres, mujeres y niños en África. 
El dolor y la tristeza que sentimos, probablemente no sea la que sienten sus familiares, amigos y compañeros de la familia de San Juan de Dios, quienes por segunda vez han visto como uno de los suyos perdía su vida al servicio de la fe. Pero, desde la pena, elevamos una plegaria por el hermano Manuel y por todos aquellos que siguen sufriendo por esta terrible enfermedad a la que todavía no han encontrado una cura.
El H. Manuel, como tantos otros, sabía a lo que se arriesgaba, pero allí se quedó, desvalido entre los desvalidos, desprotegido como ellos, para ayudar en lo que pudiera aunque ellos significara dar su vida. Sólo nos queda agradecer su trabajo ejemplificante, su fe inquebrantable y su vida al servicio de Dios y de los hombres más pobres de la tierra. Ojalá su ejemplo y su sacrificio produzca algún fruto en forma de vocación, ojalá que todos aprendiéramos a desprendernos de nuestra comodidad y nuestra falta de compromiso tal y como hizo el H. Manuel. Que en paz descanse.

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