21 oct. 2016

VERDADEROS TESTIGOS DE LA FE

A continuación la carta que el Mons. Juan Antonio Menéndez, obispo de Astorga, dirige a los diocesanos con motivo del Domund.

Queridos diocesanos:

La Campaña del Domingo Mundial de las Misiones de este año nos invita a salir de nosotros mismos, de nuestras preocupaciones y problemas, de nuestra cotidianidad para ir hacia Dios y hacia los demás. El lema está tomado de las palabras que el Señor dirige a Abraham: “Sal de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te indicaré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré y haré famoso tu nombre, que será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan. Por ti serán benditas todas las naciones de la tierra.”(Gn 12. 1-4)
Abraham obedeció al Señor, confió en su promesa y comprobó que Dios es siempre fiel. Su descendencia ha sido tan grande como las estrellas del cielo y como la arena de la playa porque Abraham es considerado el padre de todos los creyentes. Los misioneros también han sentido la llamada del Señor que un día les invitó a salir de su hogar, de su comodidad, de su propia situación y circunstancia para ir a otros lugares a llevar su amor misericordioso. Estos hermanos a quienes reconocemos como verdaderos testigos de la fe por su desprendimiento y generosidad, reclaman nuestra atención en esta jornada misionera. Nos piden que nosotros también salgamos de nuestra cotidianidad, de nuestros cálculos y nos arriesguemos a vivir según el Evangelio del Señor.
Cada vez que escuchamos a los misioneros relatar sus experiencias de la Misión aumenta en nosotros la fe y la confianza en Dios porque vemos que el Señor hace maravillas por medio de sus manos. Sus relatos nos conmueven internamente porque vemos cómo el Señor, una vez más, se manifiesta a los pobres y sencillos, a los humildes y descartados del mundo. Los misioneros son capaces de permanecer constantes en el anuncio del evangelio porque los sostiene la gracia y el amor de Dios. Como todos los hombres son débiles y experimentan las limitaciones humanas como el miedo, la tentación o el desánimo; pero son capaces de superarlas porque el amor de Cristo les urge a hacer el bien y a enseñar a los hombres el camino que conduce a la felicidad. Para ellos la obra de la misión nunca está concluida del todo.

Nuestra diócesis de Astorga ha contribuido siempre con gran generosidad a la Obra de las Misiones a través de las vocaciones misioneras que han salido de nuestras parroquias en la última mitad del siglo pasado. Hoy han disminuido drásticamente las vocaciones misioneras y son muy pocos los diocesanos que se planten la posibilidad de salir de su casa para ir a la misión. Muchas veces le pregunto al Señor en la oración: “¿Por qué sucede esto? ¿Por qué antes tantas vocaciones misioneras y ahora prácticamente ninguna?” Es realmente un misterio que no podemos comprender del todo en esta vida. Existen muchos factores externos e internos que impiden a los jóvenes y, no tan jóvenes, escuchar la llamada del Señor que, como a Abraham, les dice: “Sal de tu tierra y de tus parientes y vete a anunciar el evangelio” “No tengas miedo porque Yo estaré contigo todos los días y haré prósperas las obras de tus manos”. Muchos no lo oyen porque están distraídos en otros asuntos y otros hacen oídos sordos porque no les interesa oír nada que les saque de su comodidad.
En esta Jornada de las Misiones quiero hacer un llamamiento a todos los diocesanos; pero especialmente a los jóvenes, varones y mujeres, para que tomen conciencia de la urgencia de anunciar el evangelio a los más de cuatro mil millones de seres humanos que no conocen a Jesús. Y, conscientes de esta realidad, se pregunten si el Señor no les llama a predicar el evangelio en cualquier parte del mundo. Pienso que más importante que el dinero con el que podamos contribuir o las oraciones que podamos hacer pidiendo por las misiones, es el hecho de que surja, al menos, una o dos vocaciones misioneras cada año.
Elevemos oraciones al Señor para que bendiga nuestra comunidad diocesana como en otro tiempo la bendijo con abundantes vocaciones misioneras. Estos hermanos misioneros han sido y son muy felices con el trabajo que realizan en países lejanos haciendo el bien a tanta gente que, por medio de su testimonio, descubren la luz de la fe y son liberados de la esclavitud de las tinieblas.
La Virgen María, estrella de la evangelización, como la llamó el beato Pablo VI nos alumbre con su luz en esta noche vocacional que padecemos y nos ayude hasta llegar a la aurora que es Cristo, el sol que nace de lo alto.




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