26 oct. 2012

Benedicto Sánchez: Espiritualidad de la Reconciliación y del Perdón

Publicamos la charla que impartió el P. Benedicto Sánchez  durante el Octubre Misionero a los sacerdotes diocesanos por considerarla de interés para todos nuestros lectores.

ESPIRITUALIDAD
DE LA RECONCILIACIÓN Y DEL PERDÓN

I.- PREÁMBULO PERSONAL SOBRE LA ESPIRITUALIDAD DE LA RECONCILIACIÓN
El  largo camino de la Reconciliación.
Sobre la reflexión que vamos a tener en este Retiro de Sacerdotes, sobre la Espiritualidad de la Reconciliación, lo más importante es nuestro estado interior, es decir, no estamos aquí con la única intención para ver si voy a encontrar alguna idea interesante para aplicársela alguna persona que tengo en mi Parroquia con problemas personales o familiares; esta intención es buena, ahora, lo más importante en este Retiro es tener el deseo de reconciliarme conmigo mismo; cada uno de nosotros sabemos con qué persona o situación necesitamos reconciliarnos.


Si el grupo que estamos aquí conseguimos reconciliarnos con nosotros mismos, vivir reconciliados en nuestra vida cotidiana ya será un buen fermento para poder reconciliar a las personas, familias y grupos de nuestras Parroquias.
Es posible que no sea solamente la otra persona que necesita de la Reconciliación, tal vez, sea yo, en primer lugar, quien más estoy necesitando de reconciliarme conmigo mismo, con tal persona o situación que no me deja vivir sosegado.
La Reconciliación pertenece a ese mundo interior que cada uno llevamos dentro de nosotros; por eso, vivir la Reconciliación no se trata de pensar en la situación de la otra persona, por lo contrario, se trata de interiorizar dentro de mí. Una vez reconciliado conmigo mismo es que seré capaz de ir al encuentro de otras personas para compartir con ellas la experiencia de la Reconciliación que estoy viviendo dentro de mí.
Para vivir la espiritualidad de la Reconciliación, exige una cierta actitud interior; tener el deseo y la necesidad de esta experiencia reconciliadora dentro de mí. Si somos sinceros con nosotros mismos e somos capaces de entrar dentro de nosotros, es posible que descubramos varios aspectos de nuestra vida con los cuales necesitamos reconciliarnos, siendo así, conseguiremos vivir en armonía dentro de nosotros como una conquista espiritual.
Yo, como sacerdote, religioso, responsable de la catequesis..., si estoy viviendo reconciliado conmigo mismo en mi entorno cotidiano, entonces, estaré preparado para compartir esta misma experiencia con los feligreses de mi Parroquia y de mi Diócesis.
Vivir la espiritualidad de la Reconciliación personal, es un proceso que inicia en un momento determinado dentro de nosotros y ya no tiene fin; se trata de una vivencia interior que va creciendo dentro de nosotros con nuevas realidades e desafíos. Podemos decir que la Reconciliación está en la misma exigencia del Perdón y de la Caridad. Si ningún cristiano puede decir: “ya perdoné suficientemente”, o “ya hice toda la caridad que tenía que hacer”. Del mismo modo no podemos decir: “ya estoy suficientemente reconciliado”.
En este contexto aparece la reflexión central que nos tenemos que hacer cada uno de los presentes: La espiritualidad de la Reconciliación no es sólo para meditarla en este Retiro sino, como ya hice mención, es un proceso espiritual que inicia dentro de cada uno de nosotros y solamente tendrá fin en el encuentro con Dios-Padre, al recibir su Perdón y su abrazo misericordioso como esencia de la Reconciliación. (Séptimo Camino de Reconciliación).

II.- LA RECONCILIACIÓN PARA LOS CRISTIANOS

1º) ¿Qué significa la Reconciliación para los cristianos?

La palabra “reconciliación” puede tener muchos significados. Para algunas personas significa restablecer la armonía después de un periodo de conflicto; para otras, significa el final de las hostilidades entre las dos partes.
Otros piensan que la reconciliación se refiere a un proceso que inicia con el perdón por acciones pasadas e acaba con la paz.
Para los cristianos, la Reconciliación describe, sobre todo e en primer lugar la acción en la que Dios y el mundo se unen por medio de la misión salvadora de Jesucristo.
La Reconciliación, es la acción de la Santísima Trinidad en el mundo: Dios envió a su Hijo al mundo para que este se reconciliara con Dios; es una relación mantenida por el Espíritu Santo hasta que se cumpla la plena Reconciliación en el final de los tiempos.

2º) El significado bíblico de la Reconciliación
En el Antiguo Testamento no se utiliza específicamente el término “reconciliación”; pero es cierto que encontramos historias que se pueden considerar de Reconciliación. La reconciliación en los Patriarcas:
- Esaú, recibe a Jacob, (Gén 33,1-11).
- José, fue vendido por sus hermanos, (Gén 37,12-36).
- José, perdona a sus hermanos, (Gén 45,1-15).
El concepto principal del Antiguo Testamento, es la expiación, es decir, un ritual llevado adelante una vez por año que anula todos los pecados de las personas y vuelven a restablecer su relación con Dios, (Lev 16).
En el Nuevo Testamento, encontramos historias semejantes de reconciliación en las siguientes Parábolas:
El hijo pródigo (Lc 15,11-32). La oveja perdida, (Lc 15,3-7).
El término “reconciliación”, aparece en el Nuevo Testamento solamente en los escritos de San Pablo. Inicialmente se trataba de un término secular, de “hacer las paces en  tiempo de  guerra”.
En los escritos de san Pablo, se refiere a la acción especial de Jesucristo en el mundo, la de reconciliar el mundo con Dios (Rm 5,11); los hebreos con los paganos (Ef 2,12-16) y al universo con Dios (Col 1,19-20).
La acción reconciliadora de Cristo es ahora una misión de la Iglesia (2Cor 5,11-12).

III.-CINCO ASPECTOS FUNDAMENTALES DE LA RECONCILIACIÓN CRISTIANA
Primero: La Reconciliación es obra de Dios, que inicia y completa dentro de nosotros.
Los acontecimientos e recuerdos que exigen la reconciliación en nuestras vidas son tan grandes que solos somos incapaces de reconciliarnos. La posibilidad de hacerlo nos viene de Dios, ya que es el único que puede anular la maldad sufrida e ofrecernos los medios para que se produzca la Reconciliación.
Los cristianos trabajamos como agentes de Dios, participando en la Reconciliación bajo esta perspectiva de Dios.

Segundo: En la visión cristiana de la reconciliación, el proceso inicia con las víctimas, no con los malhechores.
La Reconciliación es obra de Dios, por eso, en primer lugar escucha las súplicas de los pobres, de los oprimidos, de los excluidos y marginados, a las minorías,….
Lo que Dios hace con su obra de Reconciliación es restituir las víctimas a su dignidad e a su humanidad.
Los cristianos decimos que esta recuperación de la dignidad y de la humanidad es la experiencia de la gracia e de la vida que se recibe de Dios; ese Dios de la vida que desafía todos los actos mortales que afectan al mundo.

Tercero.- La experiencia de la reconciliación convierte a la víctima y al malhechor en  una nueva humanidad” (2Cor 5,17)
Muchas veces, las estrategias de reconciliación tienen como objetivo volver a la situación precedente al conflicto, pero la gravedad de lo acontecido —como el desplazamiento masivo de la población, la destrucción de sus casa, cultivos, ganados…—hacen que la vuelta a dicha situación sea imposible.
Los cristianos acreditamos que la Reconciliación de Dios no es la restauración del pasado, si no una nueva condición, tanto para las víctimas como para los malhechores.
Esto es lo que experimentan las víctimas al sentirse reconciliadas con los malhechores; son capaces de imaginar y vivir el perdón creando una nueva sociedad.
Abordamos aquí los temas complicados de la justicia e del perdón. Sabemos que la justicia, en el sentido restricto, es por veces imposible de obtener; como es en el caso de hacer justicia por los muertos.
Un aspecto característico de la visión cristiana de la Reconciliación es precisamente esta “nueva humanidad”; es decir, esa acción en la cual Dios conduce tanto a las víctimas como a los malhechores en dirección a una nueva vida en el futuro, superando las indiscutibles heridas del pasado.

Cuarto: La creación de esta nueva humanidad para las víctimas y para los malhechores, se puede encontrar en la historia de la Pasión, muerte
               y  Resurrección de Jesucristo.
a) Los cristianos creemos que los sufrimientos y la muerte injusta y violenta de Jesucristo constituyen el camino que lleva a la derrota de las estructuras del poder y del mal en el mundo. Con su Pasión y su Muerte, Jesucristo combatió el poder del mal y lo venció.
b) La historia de la Pasión y muerte de Jesús,  se convierten en un “recuerdo peligroso” para los cristianos e, indudablemente para el mundo entero. Ese recuerdo significa que el mal no triunfará jamás por muy atroz que sea. El poder de Reconciliación de Deus es siempre más fuerte y siempre puede conducir a las víctimas a una nueva humanidad.
El resultado es, que los cristianos aprendemos que, en nuestras propias historias de sufrimiento forman parte de la historia de la Pasión y Muerte de Cristo y, de esta manera, podemos superar sus efectos.
Como dice San Pablo: “Todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte” (Fil 3,10).

Quinto: La visión cristiana de la Reconciliación revela una verdad más profunda sobre el propio mundo.
a) Los cristianos creemos que solamente la Pasión y la muerte del Hijo de Dios puede vencer el mal y a los malhechores de este mundo.
b) El poder, a pesar de ser cómplice de las fuerzas del mal, es incapaz por sí mismo de remediar los efectos del mal; solamente la acción de Dios lo puede hacer.
c) La cruz de Jesucristo representa un símbolo paradoxal (contradictorio), de la manera en que Dios vence delante del mal del mundo. En el tiempo de Jesús, la cruz era el símbolo de la humillación total. “Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles” (1Cor 1,23).

IV.- ALGUNOS CONCEPTOS TEOLÓGICOS SOBRE LA RECONCILIACIÓN

1.- El ministerio de la Reconciliación según la Iglesia Católica
San Pablo nos enseña que el ministerio de la Reconciliación de Jesucristo corresponde a la Iglesia. “Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y que nos encargó el ministerio de la Reconciliación” (2Cor 5,18).
En el Evangelio de San Juan, Jesús asigna el ministerio del perdón de los pecados a los discípulos: “A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados, a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20,23). Por eso, la Iglesia estuvo implicada en la realización del ministerio de la Reconciliación desde el principio.

Para los cristianos católicos, esto se cumple principalmente en el sacramento de la Reconciliación (en la confesión) y también en el sacramento del Bautismo.
Como estamos a ver, no somos autores de la Reconciliación, sino, agentes y colaboradores de Dios; por eso, tenemos que crear las condiciones en las cuales se pueda producir la Reconciliación, en donde las víctimas puedan recuperar su humanidad y su dignidad.
Esto implica crear lugares de acogimiento en donde las personas que sufren puedan contar sus historias.

2.- La Paz
La paz como la justicia es difícil de conseguir. La paz es algo más que el final de un conflicto.
La paz bajo la perspectiva teológica es un don de Dios. Es mucho más de aquello que podemos conseguir por nosotros mismos. La paz nos llega por medio de Jesucristo “Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz”. (Col 1,20).
No puede existir la paz sin la verdad, ni tampoco puede existir la paz sin establecer una cierta justicia. La verdad y la justicia son las dos columnas capaces de sustentar la paz en una sociedad.

3.- El perdón y el arrepentimiento
El perdón de las víctimas y el arrepentimiento de los malhechores son dos puntos fundamentales en un programa de Reconciliación. No olvidemos que el Nuevo Testamento dice que sólo Dios puede perdonar los pecados.
Tengamos en cuenta que todos los pecados van contra Dios y, por eso, sólo puede comprender la inmensidad cometida. Perdonar equivale a compartir la gracia y la plenitud de la vida de Dios
No perdonamos porque no tenemos otra alternativa, o porque somos obligados a perdonar por la fuerza; perdonamos porque somos capaces de ver el mundo, inclusive lo peor de él, bajo la perspectiva de Dios.
Un gesto concreto de participar en el perdón es la capacidad de rezar por nuestros enemigos. Por medio de esas oraciones, la víctima participa del perdón y del amor de Dios de una manera especial.

Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y
aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad
a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen,
para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace
salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a
justos e injustos. (Mat 5,43-45).

4.- La misericordia
Podemos decir, que la misericordia es algo que se ofrece a un malhechor que no lo merece. La misericordia de Dios es una de las experiencias que viven las víctimas reconciliadas.
En primer lugar, es la víctima quien siente esta misericordia con sorpresa e maravilla delante de la restitución de su dignidad y humanidad.

5.- El poder
La Reconciliación es principalmente un ajuste por los abusos del poder. Para los cristianos el poder procede del misterio de la cruz. Aquí, la imagen de los más débiles y oprimidos se convierte en una fuente de poder.
El misterio de la cruz está relacionado con el lugar en que Dios deseó vivir en el mundo. No estuvo en lugares seguros como los santuarios que los hombres habían construido para Dios, sino “fuera de la puerta de la ciudad”, donde vivían los pobres obligados por los poderosos de este mudo. “Que aquí no tenemos ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura” (Hb 13,14).
La experiencia de poder confunde a los pecadores de este mudo; es el poder manifestado en el Canto del Magníficat de la Virgen María.
El Señor hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Luc 1,51-52).

V.- LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA DE LA RECONCILIACIÓN

1.- La espiritualidad de la transparencia de la Reconciliación
Para los cristianos la esencia de la espiritualidad es el Espíritu de Dios como fuente de nuestra vida en Jesucristo.
Comprometerse a trabajar para la Reconciliación, nos obliga a reconocer a las personas como seres espirituales que necesitan encontrar el amor, ser amados, superar los odios del pasado y realizar su potencialidad como seres humanos a imagen y semejanza de Dios.
Vivir la dimensión espiritual de la Reconciliación es muy necesario para las víctimas y también para los malhechores; los primeros, para recibir el conforto de Dios; y los segundo, para descubrir la necesidad de su conversión.

2.- La espiritualidad realista de la Reconciliación
La oración, nos enriquece en lo más profundo de nuestro ser, y nos permite actuar con mayor responsabilidad y respeto por los demás.
La oración, nos ayuda a tener relaciones más auténticas con las personas, a respetar su personalidad e incluso, a través de la oración, podemos encontrar a Dios en las personas que nos resultan desagradables.
La espiritualidad humanizada, nos lleva a tener buenas relaciones con los demás y nos ayuda a descubrir y a valorar las diferencias de las otras personas como una riqueza y un bien, y no como una amenaza de la cual me tengo que defender.
Vivir en esta dimensión espiritual nos lleva a experimentar la verdadera riqueza de nuestra amistad que es el camino de la Reconciliación, como la expresión máxima de las relaciones humanas.

3.- La espiritualidad para las víctimas
a) Es útil crear un lugar para la oración y meditación, o simplemente para poder quedar en la soledad con Dio. Para las personas que sufrieron traumas, inseguridad, violencia, miedo…, tener un lugar tranquilo para rezar es más importante que un refugio o ropa para vestir.
b) Teníamos que celebrar encuentros y oraciones con regularidad, en donde celebremos que Dios está siempre con nosotros, mismo en el dolor, en el miedo, en la inseguridad… En la Eucaristía, “Los cuerpos destrozados, heridos y violados de las víctimas, y el cuerpo destruido y deshecho de la iglesia, se integran en el Cuerpo de Cristo”.
El Cuerpo de Cristo, conoció la tortura y la vergüenza; en plena solidaridad con las víctimas, superó los límites de la muerte violenta; de esa manera, su Cuerpo se convirtió en una medicina sagrada para curar hoy esos cuerpos destrozados.
c) El sacramento de la Reconciliación (la confesión) tiene que encontrarse al alcance de todos.
Para las personas sería bueno renovar su fe mediante la lectura de de textos bíblicos como:

- La oveja perdida (Lc 15, 3-7).
- La vuelta del hijo pródigo (Lc 15,11-32).
- La conversación en el camino de Emaús (Lu 24,13-35).
- La crucifixión de Jesucristo ( Jn 18,1-40. 19,1-42. 20,1-31).

Estos pueden ser momentos profundos para que las personas se puedan abrir contando sus historias y, de esta manera, consigan cicatrizar sus heridas y los recuerdos de sufrimiento.

Comprometerse a trabajar para la Reconciliación,
nos obliga a reconocer a las personas como seres
espirituales que, necesitan encontrar el amor,
ser amados y olvidar los odios del pasado.

                             Padre Benedicto Sánchez
                             Misionero Espiritano


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