27 oct. 2012

Josefa Fraile, misionera en Bolivia

“Que nuestra caridad atraviese los mares…”  Sta. Emilia

A petición de Julio Falagán, delegado de misiones,
acudí a Astorga para compartir mi experiencia misionera
con los feligreses de dos parroquias de la ciudad.
Mi congregación, la de la Sagrada Familia, fue fundada por Santa Emilia de Rodat. Un día de 1815 Emilia descubre la llamada de Dios que orientará toda su existencia. Era el 3 de mayo de 1816 que abre una clase gratuita que acoge a unas niñas huérfanas. "Solo he pensado en los pobres al fundar la congregación, decía, hacer conocer y amar a Dios y mostrar un rostro de un Dios de ternura y misericordia, nuestro amor tiene que atravesar los mares y extenderse a todos los hombres."
La iglesia no tiene fronteras, el 6 de octubre de 1957 la Congregación de la Sagrada Familia se hace presente en Bolivia; cuatro hermanas mezclan sus ideas con un pueblo acogedor sencillo y solidario. Yo, Benjamina Fraile y en religión Josefa Maria, me uní a ellas en la cuarta expedición. Mi destino: San Matías, muy cerca de la frontera con Brasil.
Tenia 20 años y poca experiencia pero sí ilusión, disponibilidad y juventud. La verdad, una no sabe en el lío en que se mete, pero no me arrepiento de haber emprendido esa aventura; "deja todo y sígueme" le dijo Cristo al joven rico, y a Pedro: "quien deja todo por Mí recibirá el ciento por uno en esta vida y después la vida eterna." (Mc 10:29-30)
Al estar allí y ver las necesidades volví a España a estudiar medicina y obstetricia para poder mejorar la salud y bajar el nivel de mortandad infantil. Para colaborar en la educación y aprender y profundizar los valores cristianos, sociales y culturales. Para, como se dice vulgarmente, meterse en el pellejo del otro, con sus problemas y dificultades en todos los sentidos; en fin, darse y recibir.  Colaborar en hogares, colegios, puestos de salud. Tan pronto hay que enseñar a rezar como curar y compartir.
La historia de tantos momentos vividos y la alegría de compartir la vida no se puede expresar con palabras.

Ahora, desde el 15 de febrero, estoy en Argentina, donde sigo compartiendo en un hospital de niños en San Salvador de Jujuy con otra gente, con otra cultura, pero con la sencillez entrega y solidaridad del pueblo argentino, donde tampoco una se siente extraña sino una más en medio del pueblo y la mirada limpia de los niños.
Ahora estoy de vacaciones para cargar las pilas y seguir trabajando para el Reino de Dios aquí abajo, para eso no hay jubilación. Pero la Iglesia necesita gente joven que nos vaya remplazando cuando las fuerzas nos  falten.
Hna. Josefa Fraile

Miriam fue alumna nuestra en Bolivia
Conocí a  las hermanas de la Sagrada Familia de Villefrance en mi niñez. Estudie en el colegio que llevan con tanto afán para un mayor aprendizaje. Vi cómo arriesgaban sus vidas yendo a evangelizar a lugares muy lejos de la zona. Su Centro Sanitario para enfermos de escasos recursos, donde no había a veces instrumentos quirúrgicos y solo estaba la mano de Dios. El Centro de Día para mayores, al cual dedican toda su paciencia y amor. El Hogar "Santa Emilia" de niños y niñas abandonados y huérfanos, donde encuentran el calor de una familia con la delicadeza de su cuidado y cariño.
Después de la misa compartimos la mesa con unos amigos. 
Las hermanas compartieron nuestras costumbres y tradiciones; el acercamiento a la gente hizo que sus vidas formaran parte de nuestras vidas, su presencia fue y sigue siendo una bendición para un pueblo al que vieron crecer de la nada. Nos enseñaron a amar a Cristo pobre, que da sin esperar recompensa, a nuestra Madre la Virgen María, protectora de nuestra vida. Sus vidas transmitían la vida de un Cristo caminante, de un Cristo misionero de paz, amor, unión, felicidad, perdón, reconciliación.
Tenemos una enorme admiración, gratitud, respeto y amor por todo lo que hemos recibido de sus vidas; una vida de un Cristo Misionero.
Miriam V. Frías

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